Sociedad y Gobierno: una valoración de como forjamos nuestros liderazgos

abril 6, 2011

Cuando un joven coronel patriota llamado Simón Bolívar apresaba al ilustre precursor de la independencia Francisco de Miranda en el cuartel donde estaba recluído para ser enviado al exilio, éste último (Miranda) pronunció una frase que resultó profética para lo que iba a ser el desarrollo socio político de la sociedad venezolana, Miranda dijo: “Bochinche, este pueblo no sabe hacer mas nada, solo bochinche”; con tal frase, el prócer de la independencia expresaba su frustración de no haber podido forjar una conciencia republicana entre sus compatriotas y avizoraba a manera de presagio, lo que iba a acontecer a la futura sociedad.
En Venezuela, la palabra bochinche significa “desorden”, “confusión de cosas”, “caos”, y escudriñando nuestra historia, mejor frase no pudo haber escogido el prócer para ilustrar la situación (y lo que había de venir después). Resulta paradójico también que haya sido ese mismo coronel, que acusó de traición a la causa independenstista a Miranda, quien años mas tarde a cinco naciones (incuída la nuestra) daría la emancipación que forjaron un nuevo título para él, el de “libertador”, y quien una vez hubo libertado tal cantidad de naciones, en una aislada hacienda, enfermo, arruinado, traicionado por sus principales generales y por los pueblos a quien dió la libertad, moría exiliado de su tierra y de sus sueños.
Tal cual, la historia independentista de éstas ex colonias ultramarinas de España han estado plagadas de tales contradicciones, traiciones, caos y “bochinches” al fin. Desde entonces, los liderazgos que han regido nuestras naciones, mas en particular nuestro país Venezuela, han seguido ciertos patrones que podemos dividir en tres grandes etapas: a) El Caudillismo, impuesto por las armas y de manera autoritaria; b) La Democracia “representativa”, la cual dió el derecho de elegir a los ciudadanos que “caudillos” querían que los gobernara y por último y más reciente, c) El Socialismo que apela al populismo e invoca al estereotipo mesiánico de que solo una persona puede salvar del caos a la sociedad.
Con el caudillismo vivimos desde la independencia hasta finales de la década de los cincuenta del siglo pasado cuando cae la dictadura de Marcos Pérez Jiménez y se inicia la era democrática de nuestro país donde no se hizo otra cosa que establecer una nueva forma de dictadura personificada por dos partidos políticos que pactando su alternancia en el poder, gobernaron durante cuarenta años a Venezuela con más tropiezos que aciertos. Llega 1998 y con la ascención de la “Revolución Bolivariana” se iniciaba una nueva era política. La fundación de la Quinta República y el nuevo “Socialismo del Siglo XXI”, se daba una propuesta de país basada en planes con tintes “mesiánicos” como la única alternativa capáz de enderezar los caminos de nuestra atribulada nación. Más de una década después, los mismos males de siempre que han generado la descomposición social de nuestra sociedad permancen, lo que inevitablemente nos lleva a la conclusión de que aún no hemos logrado encontrar el camino que nos lleve al desarrollo de nuestra nación.
Ahora bien, ¿somos merecedores de el estado actual en que se encuentra nuestra sociedad?, o es que simplemente, el infortunio ha hecho casa en nuestro país y nos recompensa con un castigo injusto.
Siempre he creído que las sociedades tienen a los gobernantes que se merecen y tales gobernantes son reflejo de sus sociedades; puede ser que quizás esto no sea aplicable a todos los casos, quizás tales gobiernos son producto de las circunstancias que crearon la coyuntura que los llevó al poder, pero lo que si es cierto, es que las sociedades deciden hasta que punto están dispuestos a tolerar las acciones de sus gobernantes. En ese orden de ideas y haciendo una reflexión de ello, se podría decir que debido a que aún padecemos problemas de índole social a niveles alarmantes como pobreza, inseguridad y desigualdad social, somos entonces nosotros culpables como sociedad del rumbo que hemos tomado y de los gobiernos que nos han tocado.
La idiosincracia del venezolano no es inmutable al paso de los tiempos y los acontecimientos; las circunstancias la han moldeado y si antes el hecho de que “x” o “y” líder político o caudillo llegara al poder era producto de nuestra indolencia por el devenir político de nuestro país, ahora es la transformación de indolencia a dependencia de que alguien venga y resuelva todo de manera mágica. Es ese mesianismo del que hablaba y que ahora encarna el actual líder de la revolución bolivariana.
Con la llegada de la constitución de 1999 que confiere más derechos civiles y la profundización del socialismo del siglo XXI, se ha mal formado un criterio de pensamiento entre la mayor parte de la población venezolana en que el Estado (como un buen padre de familia) es el encargado y el único que puede solucionarle los problemas. Más allá del desarrollo o el impulso del “poder popular”, lo que se esconde es el cultivo de una ideología que busca sembrar en el venezolano la idea de que el Estado es necesario para cualquier aspecto de su vida y que sin el, la sociedad venezolana enfrenta la extinción y el caos. ¿Que hace que tales ideas absurdas tengan cabida en la mente del venzolano común?, la respuesta es el populismo que impulsa un sistema de dádivas a todo aquel que siga al líder.
Traicionando así su sentido de superación, la sociedad venezolana acepta pasivamente una estabilidad relativa, fundada en el temor que si el sistema cae, el pan ya no llegará a su mesa; los votos que han legitimado nuestro actual sistema de gobierno así lo confirman y dificilmente esto pueda ser cambiado si no es de manera voluntaria.
Resulta por demás increíble que con una década de altos precios del petróleo (nuestra principal fuente de ingresos) y siendo una nación inmensamente rica en recursos naturales, nuestro país haya quintuplicado su deuda externa, presente escaséz de productos y tenga en rojo las cifras de sus principales industrias incluyendo la petrolera, sin mencionar los graves problemas d inseguridad que padece la sociedad. Se evidencia entonces en toda su extensión, el fracaso de las políticas gubernamentales.
No se trata precisamente este análisis de culpar a la revolución bolivariana de este caos, tampoco de esgrimir el faláz argumento que en la cuarta república todo era mejor, nada de eso. Se trata de llamar a la reflexión a nuestra sociedad y preguntarnos ¿hasta cuando vamos a dejar que el facilismo, la indolencia y la falta de compromiso con nuestro país nos lleven a elegir gobiernos basados en falsos postulados mesiánicos que al final nos hacen más daño como nación?, todo por nuestro empeño en hacer que los demás resuelvan nuestros problemas. El venezolano común vive ahora del desorden en que se ha convertido nuestra sociedad y acepta las “soluciones” improvisadas que cada coyuntura termina germinando. Nos hemos hecho merecedores del destino del país que tenemos y más que culpar a la ignorancia, es a la indiferencia propia y la falta de conciencia la causante de la descomposición social que vivimos… “Bochinche” en palabras del precursor.
No se si la sociedad venezolana está dispuesta a decir: “basta”, pero no imagino futuro provechoso alguno de seguir así. Es imperativo tomar conciencia e identificarnos con el presente de nuestro país para dibujar un futuro mejor. Como sociedad tenemos el derecho y el deber de cambiar las cosas para que así sea, de lo contrario, la contradicción, la traición y caos seguirá minando los pocos valores que aún conservamos y esto seguirá siendo la tinta con la que se escriba nuestra historia.

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Una respuesta hacia “Sociedad y Gobierno: una valoración de como forjamos nuestros liderazgos”

  1. Juan Cerrada escribió

    Excelente análisis!

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